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El Santo Grial, el amor según Jesús y Petro
Introducción: la polémica que revela un problema más profundo
Cuando el presidente Gustavo Petro sugirió que Jesús pudo haber amado —incluso de manera humana y concreta— a María Magdalena, no estaba haciendo una afirmación dogmática ni histórica definitiva. Estaba tocando una fibra sensible: la incapacidad de ciertos sectores cristianos conservadores para comprender que, en el mensaje de Jesús, el amor no es una idea abstracta sino una acción encarnada.
La reacción airada de algunos grupos cristianos de derecha no revela una defensa de la fe, sino una lectura sectaria, moralista y deshistorizada del cristianismo, más cercana al control del cuerpo y de la conciencia que al Evangelio.
I. El Santo Grial: de objeto sagrado a símbolo del amor encarnado
En la tradición eclesial, el Santo Grial fue reducido a una copa milagrosa. Sin embargo, en lecturas teológicas, simbólicas y místicas más profundas, el Grial representa algo distinto:
El misterio del amor que se hace carne y transforma la historia.
En algunas tradiciones alternativas, el Grial es interpretado como Sang Real (sangre real), es decir, la continuidad de la vida. Más allá de que Jesús haya tenido o no descendencia biológica —algo que no puede probarse históricamente—, el verdadero escándalo no es la sangre, sino la encarnación del amor en la historia humana.
Jesús no dejó un objeto sagrado; dejó una práctica viva del amor.
II. El amor según Jesús: verbo, no moral
En los Evangelios, Jesús nunca define el amor como una norma sexual ni como una pureza corporal.
Jesús:
-
toca a los impuros,
-
se deja tocar,
-
come con excluidos,
-
defiende a mujeres acusadas,
-
pone el cuerpo frente a la violencia.
El amor, en Jesús, no es abstención ni represión; es acción liberadora.
📖 “No el que dice ‘Señor, Señor’, sino el que hace la voluntad.”
Aquí está el núcleo: amar es hacer.
Reducir el amor cristiano a la vigilancia del sexo es traicionar el Evangelio.
III. ¿Jesús y María Magdalena? Lo que realmente está en juego
Los Evangelios canónicos guardan silencio sobre la vida sexual de Jesús. Ni afirman ni niegan.
Los textos apócrifos —como el Evangelio de María y el Evangelio de Felipe— muestran una relación de cercanía, confianza y revelación espiritual entre Jesús y María Magdalena.
No prueban un matrimonio, pero sí algo innegable:
Jesús reconoció en una mujer una discípula plena, cercana y autorizada.
Eso, para una estructura patriarcal, fue —y sigue siendo— intolerable.
La incomodidad no es sexual: es política y de poder.
IV. Petro y el amor como acto político
Cuando Petro habla de Jesús y el amor, lo hace desde una clave coherente con su proyecto político:
-
El amor como justicia social,
-
El amor como cuidado de la vida,
-
El amor como acción que transforma estructuras.
Esto está mucho más cerca del Evangelio que el cristianismo de consignas, templos blindados y alianzas con el poder económico.
Jesús no gobernó desde el templo; caminó con el pueblo.
V. El sectarismo cristiano de derecha: una fe sin encarnación
Los sectores que atacan a Petro no defienden a Jesús: defienden una idea domesticada de Jesús.
Un Jesús:
-
sin cuerpo,
-
sin eros,
-
sin conflicto,
-
sin pobres,
-
sin cruz política.
Ese Jesús no existe en los Evangelios.
Es un ídolo funcional al orden conservador.
VI. Coherencia entre amor y actos: la clave olvidada
El cristianismo auténtico no pregunta obsesivamente:
“¿Con quién se acostó Jesús?”
Pregunta:
“¿A quién amó hasta devolverle la vida?”
El verdadero Grial no es una reliquia ni una genealogía secreta.
El Santo Grial es el amor que se hace acto, cuerpo, política y justicia.
El escándalo no es el amor, es su radicalidad
Jesús no escandaliza por amar; escandaliza porque ama sin excluir.
Petro no escandaliza por citar a Jesús; escandaliza porque recuerda que el amor exige transformación real.
Quienes reducen el cristianismo a moral sexual han perdido el Evangelio.
Porque, como enseñó Jesús:
El amor no se predica: se practica.
El cristianismo de derecha que hoy ataca a Gustavo Petro no está defendiendo a Jesús:
está defendiéndose de Él.
Porque el Jesús real —el de los Evangelios— no encaja con el orden que estos sectores protegen.
No encaja con la acumulación, con el desprecio al pobre, con la criminalización del excluido ni con una fe reducida a moral sexual.
Jesús fue radicalmente claro:
“Lo que hagan con el más pequeño, conmigo lo hacen.”
Eso se llama opción preferencial por los pobres, y no es un invento marxista ni una desviación moderna:
es el corazón del Evangelio.
Gustavo Petro, con todas las tensiones y contradicciones propias de la política real, ha sostenido coherentemente una política del amor, entendida no como sentimentalismo, sino como:
-
defensa de la vida,
-
dignificación del excluido,
-
justicia social,
-
confrontación de las estructuras que producen pobreza.
Eso es exactamente lo que Jesús hizo.
Por eso Petro incomoda.
No porque hable de amor,
sino porque lo traduce en actos políticos.
El cristianismo de derecha, en cambio, ha convertido a Jesús en un símbolo sin cuerpo:
-
muy celoso del sexo,
-
muy silencioso frente al hambre,
-
muy severo con los pobres,
-
muy indulgente con los poderosos.
Ese cristianismo no sigue a Jesús:
lo neutraliza.
La pregunta cristiana no es si Jesús amó o no a María Magdalena.
La pregunta evangélica es mucho más peligrosa:
¿A quién incomoda hoy el amor hecho política?
Y la respuesta es evidente.
El verdadero Santo Grial no es una copa, ni una sangre escondida, ni una genealogía secreta.
El verdadero Grial es este:
El amor que se encarna en la historia,
se pone del lado de los pobres
y desafía al poder.
Eso fue Jesús.
Eso explica a Petro.
Y eso es lo que el cristianismo conservador no puede perdonar.
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